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Foto: Fundació Mies van der Rohe

Sin duda alguna Barcelona es una ciudad de vanguardia. Una ciudad cosmopolita, cuya riqueza cultural, histórica, gastronómica y arquitectónica invita a centenares de miles de visitantes cada año, que disfrutan con todas sus propuestas, de ámbitos tan distintos y bien complementados.

Una ciudad ideal para pasear y deleitarse con una arquitectura sorprendente y multidisciplinar. Barcelona y el modernismo están íntimamente ligados, gracias a obras de gran envergadura, como las de Antoni Gaudí, entre las que destacan edificios tan singulares y reconocidos como La Pedrera, La Sagrada Familia, La Casa Vicens, la Casa Batlló o el Palau Güell… Juntos a las obras imprescindibles del genial Antoni Gaudí podemos encontrar otras propuestas igualmente importantes como El Recinto Modernista del Hospital de Sant Pau, una espectacular obra proyectada por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner, la Casa Amatller o la Casa de les Punxes de Josep Puig i Cadafalch, otros ejemplos de esta arquitectura indispensable, admirada en el mundo enero.

A pesar de su relevancia, Barcelona no sólo vive del modernismo; en la capital catalana podemos descubrir edificios tan extraordinarios como el Pabellón Mies van der Rohe, diseñado para la Exposición Universal de Barcelona de 1929, una de las obras maestras del arquitecto germano-estadounidense Mies van der Rohe, considerado como uno de los padres de la arquitectura moderna, junto a Le CorbusierFrank Lloyd Wright y Walter Gropius.

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Foto: Fundació Mies van der Rohe

Situado en la montaña de Montjuïc, el pabellón proyectado por Mies van der Rohe está construido con vidrio, acero y distintos tipos de mármol y fue concebido para albergar la recepción oficial presidida por el rey Alfonso XIII junto a las autoridades alemanas que acudieron a la Exposición Universal.

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Foto: Fundació Mies van der Rohe

Para diseñar el proyecto, el afamado arquitecto contó con la máxima libertad estética y unos fondos ilimitados, por lo que pudo utilizar materiales de la mejor calidad, entre los que destacan el mármol verde alpino y el ónice dorado, materiales nobles de gran belleza que añaden singularidad y carácter al espacio.

El Pabellón Mies van der Rohe se diseñó como un elemento de gran complejidad arquitectónica y estudiada sencillez, una propuesta revolucionaria para la época. La estructura de acero regular con paredes de cristal, hacen fluir los distintos espacios de forma armoniosa para crear un conjunto equilibrado, que se ha convertido en una obra referente del Movimiento Moderno, además de inspirar a varias generaciones de arquitectos, desde su construcción, a la actualidad.

La elección de cada material y de cada elemento dispuesto en el pabellón fue cuidadosamente supervisada por el mismo arquitecto: desde el mobiliario, la iluminación, esculturas y pequeños detalles constructivos de gran valor estético.

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Foto: Fundació Mies van der Rohe

En el pequeño estanque del patio del pabellón Mies van der Rohe instaló la escultura Aurora de Georg Kolbe, situada en una posición que se podía admirar desde varios ángulos del edificio, reflejándose en el agua, el vidrio y el mármol.

A pesar de que el pabellón original sólo se mantuvo en pie durante un año, -fue demolido en 1930-, gracias a la intervención de Oriol Bohigas, entre 1983 y 1986 fue reconstruido fielmente, tal y como lo había proyectado el famoso arquitecto.

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Foto: Fundació Mies van der Rohe

Y desde Roibos Casas ProConstruidas, no podemos olvidarnos de mencionar una pieza mítica, un icono del diseño relacionado directamente con el pabellón. Hablamos de la Silla Barcelona, especialmente creada para vestir el interior del singular edificio, diseñada también por Mies van der Rohe y Lilly Reich, un modelo que sigue vigente y todavía se fabrica para decorar las casas más prestigiosas del mundo, fabricada en acero y piel, con sus característicos cojines con capitoné.

Una auténtica joya de la arquitectura que ya forma parte del paisaje y la cultura de la ciudad, un auténtico placer para los sentidos.

 

-ESTHER ALGARA-